domingo, 13 de abril de 2025

Italia es mucho más que un pasaporte

Hace algunas semanas, el gobierno italiano emitió un restrictivo decreto relativo al otorgamiento de la ciudadanía por derecho de sangre.

Se trata de una reacción, a lo que -según sostienen- ha habilitado fraudes por parte de inescrupulosos que falsifican documentos para obtener la ciudadanía.

Es atacando a esos delincuentes que se solucionan esas circunstancias y no recortando al barrer un derecho que viene desde muy atrás.

En su fundamentación, el ministro de exteriores italiano, Antonio Tajani, dijo que muchos quieren la ciudadanía italiana para ir a Miami. Quizás los haya, pero también somos muchos los que fuimos a Miami antes de obtener la ciudadanía y no tuvimos ningún inconveniente en entrar -no se ingresa solamente con ciudadanía europea a Estados Unidos- y habrá muchos que nunca fueron a ese lugar, y seguramente también, habrá muchos que no desean ir. Ese tipo de comentarios, por más que esté matizado por el “muchos” constituyen una afrenta a quienes tenemos otros intereses respecto a la italianidad.

Y esto es lo importante. Quienes somos descendientes de italianos, llevamos con orgullo esa sangre, mezclada en nuestro caso con la española. Pero además llevamos a Italia en el corazón. Voy a describir algunos aspectos personales y familiares que ejemplifican lo que le sucede a millones de descendientes de italianos en el mundo.

Nuestros abuelos y bisabuelos llegaron desde distintas partes de Italia -en mi caso desde Lombardia, Piemonte y Campania- corridos por la guerra, el hambre y condiciones muy complicadas. Llegaron a Uruguay buscando un futuro mejor, con los deseos de formar una familia, trabajar y vivir en paz. Nos transmitieron los valores del trabajo, el esfuerzo y la decencia.

Mirar hacia atrás y recordar cómo se esforzaron labrando la tierra, trabajando la vid, criando animales, desarrollando oficios, fueron capaces de echar raíces en nuestra tierra y darles mejores oportunidades de las que ellos tuvieron a sus hijos, a sus nietos, a nosotros; es algo que no solo nos llena de orgullo, también nos plantea un desafío por reforzar esas oportunidades en las generaciones que nos sucederán.

Desde pequeños vivimos la italianidad, los grandes encuentros familiares, la música italiana -la tarantela- en el hogar de mis bisabuelos Piali/Comenale/De Lucca. Aún conservo una carta en italiano -no hablaba ni escribía en español- de mi bisabuela Borello Drago, dirigida a mi abuela Golfarini Borello.

En la entrada de Lequio Berria, pequeño pueblo del Piemonte en el que nació mi bisabuela, homenaje a los caídos en la Segunda Guerra Mundial, aparecen ancestros Borello y Drago.

Crecimos escuchando hablar en italiano, lengua que abrazamos con mucho cariño y que hoy transmitimos a nuestros pequeños hijos.

Viajar a Italia y visitar los pueblos de nuestros antepasados, es una experiencia inigualable. Vale la pena el esfuerzo económico. Es altamente recomendable. Por supuesto que no todo el mundo puede hacer el esfuerzo económico de viajar, pero ¿no sería buena cosas que el gobierno italiano dispusiera de fondos, subsidios, créditos blandos para visitar los pueblos donde nacieron los antepasados? Otra de las críticas de Tajani, que se obtiene la ciudadanía y no se pisan esos pueblos.

En esa misma línea, se podría ayudar para aprender la lengua en todo el mundo de forma más accesible desde el punto de vista económico.

Y también sería bueno que se la defendiera a la lengua, apoyando la extensión de su aprendizaje en las currículas formales de la educación media en el mundo latino, como sucedía en el pasado.

Y defendiendo la lengua en la propia Italia, cuando vemos un día sí y otro también, en los diversos medios de comunicación de ese país, el uso frecuente de anglicismos: el “killer”, el “weekend”, etc.

A veces, ni los propios italianos conocen sus propios pueblos.

Me ha sucedido más de una vez, de hablar con italianos, sobre algunos de esos hermosos lugares y no los conocen. Y no solamente con italianos habitantes de un pueblo pequeño, que no han salido mucho de sus límites. También he conversado con académicos, algunos de renombre internacional, que me han dicho, “en Italia tenemos 8.500 pueblos como el que usted me menciona…”

En nuestro caso, tanto amamos a Italia y la historia de nuestros ancestros, que cuando decidimos casarnos, nos pusimos el objetivo -nada fácil por los trámites y el dinero- de hacerlo en un pueblo del que vinieron nuestros ancestros. Fue así como contrajimos matrimonio en Maccagno con Pino e Veddasca, la unión de tres pueblos -referéndum mediante-, del que uno de ellos, Graglio, vio nacer a Giusseppe Rochinotti Marchelli, tatarabuelo de mi esposa. Los propios italianos nos preguntaban sorprendidos por qué decidimos casarnos allí, y nuestra respuesta era, justamente, porque estábamos reencontrándonos con nuestras raíces italianas.

Graglio.

Via A. Marchelli en Graglio.

Maccagno.

Esperamos algún día, vivir, aunque sea un tiempo, en alguno de esos pueblos.

Italia es música, es ópera, es rock, es melodía y alegría. A nuestros hijos, desde muy chicos, les hemos enseñado canciones italianas, algunas que tienen más 50 años “Volare”, otras 35 años Un estate italiana y algunas que ganaron San Remo hace pocos años, por poner algunos ejemplos. Les hemos enseñado el himno uruguayo y el italiano.

Italia es la lengua, es Dante, Petrarca, son las costumbres, es la comida, es el cine, es el Renacimiento, es la ciencia, es la cultura en general.

Enseñarles en casa sobre Leonardo, Galileo, Miguel Ángel, es la oportunidad para nosotros, de volver a descubrirlos y de vivir cerca Italia. 

Italia es filosofía, es Marco Aurelio, Umberto Eco...

Es Giovanni Sartori y Gianfranco Pasquino…

Es calcio italiano, es pasión…

Estar en Italia, es estar en casa.

Por lo tanto, es mucho más que un pasaporte, al que nunca se podrá reducir lo que significa ser ciudadano italiano.

Hasta a la hora de elegir el nombre de nuestros hijos, pensamos en nombres o italianos o que mucho se usan allí, porque quizás un día, como ciudadanos globales que son quienes nacen en estas épocas, su futuro esté en esas tierras.

Voy dejando por acá, porque ya se ha hecho extenso, pero son muchas más las actividades que nos vinculan a Italia.

Cortar con los abusos en el otorgamiento de ciudadanías y los turbios negocios que giran en su entorno, está bien y es necesario, pero cortar con los derechos de todos, por esos abusos, es como talar un bosque por una hierba mala que creció en él.

Apelamos al buen criterio de las autoridades para encontrar el justo término, siempre tan necesario para gobernar.

Los dejo, es domingo, y están prontos los tallarines caseros de mi madre, que aprendió ese arte de sus antepasadas italianas, que también nos legaron esta hermosa sangre.


Raquel Piali (mi madre) haciendo tallarines caseros, 13 de abril de 2025.




Tuco casero.


Pan casero.



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